Cómo tratar las conductas autoagresivas
La autoagresión, aunque parezca contradictorio tiene sus orígenes en la autoconservación de nuestra especie. Todo lo que no podemos o debemos dirigir hacia afuera se transforma en conductas autoagresivas.
Sigmund Freud teorizada en su segunda tópica pulsional “El problema económico del masoquismo” donde separa por un lado las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte.
Como bien lo explicita su nombre, las pulsiones de muerte tienden a volver al estado anterior, a lo inanimado, a la tensión cero también llamada principio de nirvana. Las pulsiones de vida apelan por medio de una lucha continua a evitar la destrucción y volver inocua la pulsión de muerte.
Para ello se vale de varios artificios, el más conocido y el que permite edificar la vida humana y social es la sublimación o desviación a otra meta o actividad, es decir, desviar la destrucción a fines superiores.
Es inherente al ser humano tener un monto de agresión interno que a fines de la supervivencia de la raza humana y los tabúes morales quedan en el interior y se manifiestan por rasgos que hoy llamamos conductas autoagresivas o autodestructivas.
Esta autoagresión es una actitud que intenta el autoboicot continuo de nuestra persona a modo de tramitar esa agresión interna que no puede ser externalizada. Un ejemplo de la agresión es cuando se evidencia en discusiones con pares por motivos triviales que no por eso dejan de crear una gran discusión, y muchas veces el paciente que consulta dice no poder controlarlo.
Discusiones sobre cosas cotidianas y hasta trascendentales pueden terminar en grandes peleas que sólo tienen como fin exteriorizar nuestra autoagresión y terminar alejando a nuestros seres queridos agrediéndonos finalmente a nosotros mismos.
¿Como tratar la autoagresión?
El modo de tratar la agresión es remitirnos con ayuda de la terapia a los motivos que subyacen a esta necesidad de agredir y de agredirnos para poder tramitar el pasado y no repetir la situación en el presente.

